
Mariúscula es pésima escritora. Pero
insiste en el arte que no domina porque la criaron con la idea de que, a fuerza
de práctica, todo parece encajar alguna vez. Esto no siempre es verdad; aunque podemos
convenir en que el mundo funciona gracias a esa media verdad (o a esa media mentira).
A Mariúscula le encantan la
acidez, la tercera vía y algunas palabras que no están del todo bien
promocionadas ni por la RAE ni por su familia.
Suele obsesionarse con temas
intrascendentes. Pero en sus ratos libres, se ocupa de las cuestiones que nos
acontecen a todos y, en esos casos, es probable que tenga (o se busque)
problemas.
Mariúscula me hizo quedar mal en
varias oportunidades. Ocurre que no tengo ni su frescura ni su
verba en todo lo que sabe o dice saber (lo segundo es más cierto que lo primero).
Mariúscula tiene amigos que yo no
tengo; pero yo termino siendo amiga de los amigos de ella. Puede ensuciarse los
tacos y, aun así, parecer inmaculada. Sabe abrazar sin pudor. Suele enamorarse de
las causas perdidas, aunque no le da la espalda a las victorias esporádicas.
Mariúscula escribe mal, pero
habla bien. De modo que, después de haberla sometido a un descanso forzado,
decidí que era momento de devolverle este pequeño espacio. Porque, hay que
admitirlo, incluso con sus defectos, a mí me va mejor cuando discurre ella.
Después de todo, nada puede ser
peor de lo que ya conocés.
Esta vuelta ya está trayendo unos cuantos taconazos. Abriéndome una cuenta para seguirte en el blog recordé que yo soy “Chiquilina”, una romántica incurable... Y sospecho que a Chiquilina le hace falta una amiga como Mariúscula, ácida, fresca y que sabe menos de lo que dice. Porque cuando te rodeás de almas que saben abrazar sin pudor y enamorarse de las causas perdidas a todos nos va mejor en la vida.
ResponderEliminarCelebro esta vuelta al taconeo, a la palabra escrita, a la mano tendida, a dejar que el alma manifieste tu mejor versión. Ya es hora...
Gracias y bienvenida, Chiquilina. Taconeemos (con mucho ruido).
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